Día Uno
La primera sesión del taller de crónica fue un jaloncito a esa mordaza mental. Las palabras de mi interlocutor, fueron un elíxir que hace tiempo no probaba. Y ese café, una jaula temporal para mis pensamientos vagos.
Me hizo ilusión sentirme materia receptora de conocimiento. Saborear el despertar de las ganas; sentir que puedo crear y (re)crear lo que pasa cada día por mis sentidos.
Los minutos transcurrieron y me descubrí a mí misma en la faena de intentar atrapar cada frase y cada palabra, cacharlas en el aire y acomodarlas en forma pausada y precisa en mi cerebro.
Contadas son las veces en que presiento que puedo aprehender lo que aprendo, y esta es una de esas ocasiones. Y es que si es escribir es un proceso doloroso, me declaro apta para soportar varias dosis de masoquismo.
entonces imagino sera una dolencia crónica ..
sweet!
Que bueno verte escribir de nuevo.
Publicar un comentario en la entrada