28 abril 2009

Pandemia virtual

Un nuevo virus. Algunos hablan de epidemia; el resto es menos optimista.
Se propaga en el ciberaire, a través del contacto virtual de emoticones humanas que estrechan manos en una realidad que no sale de sus monitores.
Encuentra en el 'feisbuc' el medio propicio para su reproducción: El ambiente del convivio-espionaje entre (des)conocidos que se reconocen y conocidos que se desconocen, una realidad latente pero no tangible.
Fiebre intelectual, espasmos cerebrales y estornudos mentales son algunos síntomas (dicen los que los han sentido).
Se trata de una cepa mutada, que se expande en momentos a color, blanco y negro o sepia; el contacto súbito puede desencadenar un paro al miocardio: fulminante ataque de daguitas en megapixeles.
Los especialistas recomiendan el uso de cubrebocas mental para protegerse de imágenes-palabras-conceptos nocivos, además de procurar una distancia física de la computadora.
No se ha encontrado, hasta el momento, vacuna alguna. Al resistente se le aconseja reposar y elevar miradas al cielo con respiración profunda.
Para el crónico no hay más que un Control+Alt+Supreme emocional.

08 abril 2009

Vuelo privado

Aquel aeroplano era diferente a todos los que conocía. La palabra “mejor” es quizá la más indicada para describirlo. Mejores asientos, mejor color, mejor servicio, mejor tripulación, mejores alimentos y sobre todo, mejor compañía.
Ahí te conocí, sentado a mi lado no dejabas de ver por la ventana. Se notó que disfrutabas el paisaje de casas haciéndose más pequeñas conforme ascendíamos. Pero volteaste y te detuve con mis ojos para que no giraras nunca más tu cabeza.
Me atrapó tu seguridad, el desafío de tu mirada y la confianza que proyectabas. La de un roble, por dentro y por fuera.
Hasta el momento no recuerdo cuál era mi destino ni por qué subí a ese avión, sólo recuerdo que subí sola y bajé acompañada.
Mientras charlábamos sobre nuestras distintas profesiones, otra voz se intercalaba entre nuestros parlamentos. Creo que tú no te percatabas, pero yo… “Estimamos que este año incrementen nuestros ingresos en un 40%, cada vez más gente opta por viajar por aire”….
Me espantó la claridad con que creí escuchar esa voz, pero era sólo en mi cabeza, probablemente un recuerdo perdido, así que le di aire y seguí en mi proceso de enamoramiento. Comimos lasagna, brindamos con tinto e hicimos planes.
Sentí tus dedos entre los míos y justo cuando los apretaba volví a escuchar la voz y los solté repentinamente.
Me preguntaste que si qué pasaba.
-A ver, a ver, espérame tantito…- te dije, cerrando los ojos con fuerza y poniéndome los índices sobre cada sien como intentando aclarar la mente.
“Tenemos proyectada la entrada de dos nuevas aerolíneas y una nueva terminal…” creí escuchar dentro de mi cabeza.
Al abrir los ojos me topé con Demetrio Ortiz, el director del Aeropuerto frente a mí, hacía una hora que empezamos la entrevista, y yo no tenía idea de qué estábamos hablando.
Mis ojos seguían medio perdidos, pero no tanto como mi mente.
-Creo que te gustó este avioncito a escala, ¿verdad?- me dijo.
-La verdad que sí-
-Tómalo, es tuyo-
Salí de ahí con 60 minutos de audio de una conversación que no recordaba, sensaciones vagas en el cerebro y un avioncito donde te tengo atrapado siempre.

28 marzo 2009

Casualidades de la vida

Pocas veces las columnas que leo me dejan algo positivo. De rigor, trato de leer la editorial del periódico en que trabajo. Y una que otra de economía (cuando hay tiempo) para aprender un poco sobre los temas que se supone debo conocer por mi trabajo. Generalmente me atrapan aquéllas cuyos autores, sin intentar descubrir el hilo negro, te aportan algo para la reflexión cotidiana.

La última que recuerdo fue una de José Woldenberg, en la que hablaba sobre las casualidades. Decía que éstas le ponen sal a la vida, que son como un regalo que sacude a la rutina y que, cuando pasan desapercibidas, se evaporan sin dueño.

Contaba él sobre tres libros que leyó seguidos, y en los cuales, casualmente, la protagonista se llamaba Roseane.


Me puse a pensar en las ultimas casualidades de mi vida y me dispuse a hacer una de las últimas tres que recuerdo. Aquí están:

1.
Al salir de un evento estaba platicando con un amigo reportero de una radio y le pregunté por un tío que trabaja con él. Me dijo que lo veía seguido y también a mi primito, porque seguido lo llevaba a la radio. Nos despedimos y subimos a nuestros respectivos carros. Antes de arrancar, pasó a mi lado un carro que sonó el claxon: Eran mi tío y mi primo.

2.
Estaba haciendo un sondeo entre madres de familia de una escuela primaria. Una de ellas me dijo llamarse igual que yo. Llegué a pensar que era una broma y que había tomado mi nombre de mi gafete, hasta que me enseñó su credencial de elector.

3.
En el aeropuerto de Madrid vi a Joan Sebastian. Dos días antes, alguien me había dedicado una canción de él.

La última y más reciente me pasó ayer. Hablé a Aeroméxico, y cuando me identifiqué la persona que me atendió dijo que tenía una compañera que se llama igual que yo.


tú cuál recuerdas.