10 agosto 2007

Paradoja de tiempo

Un día el Sol se cayó, y aunque se hizo un completo caos, el mundo no se acabó. Aprendimos a 'amanecer' a oscuras, y a mirar los atardeceres sólo en nuestra imaginación. Encontramos un método alternativo a la fotosíntesis para que las plantas pudieran crecer y dar fruto, y no se interrumpiera esta vital parte del ciclo de la vida. Se inventaron formas para lavar, y sustancias para consumo humano.
Ahora el calor es sólo imaginario y la raza humana se ha adaptado al ambiente.
El Sol cayó y calló, y cuando esto ocurrió no nos morimos. El mundo no dejó de funcionar sin el calor del rey de los astros, tal como se pensaba que ocurriría desde la antiguedad.
Lo que murió ese día fueron los años, los días, las horas, los segundos. Sin Sol el tiempo dejó de medirse y se extinguieron esos conceptos que regían nuestra vida.
Y asi, las paradojas de la vida, que ahora que el tiempo no se mide, la vida dura más y vivimos más que nunca.

05 julio 2007

En una sala de espera...

En una sala de espera de un hospital infantil cualquiera en una ciudad cualquiera (que no es Hermosillo), una mujer chaparrita y rellenita se encuentra sentada en una silla cualquiera... Pero ella no es una madre cualquiera, como la que se encuentra sentada atrás amamantando a un bebé.. o la que está a su izquierda echándole aire a su niño deshidratado.. o la que está más allá, angustiada porque no le han atendido a su niño que trae 40 grados de temperatura.
Ella es diferente porque la angustia que tiene en la cara no es porque su cría de cuatro meses tenga desnutrición en tercer grado, ni porque está cansada de esperar su turno para que se la atiendan ni porque no soporte el calor ni porque se sienta como sola en el mundo.
Es diferente porque la desesperación la hizo actuar así, y porque se atrevió a acomodar a su bebé sobre una colchita en el piso, atrás de ella, entre su asiento y el bote de basura, y porque está temblando de dolor, y porque por el rabillo del ojo alcanza a ver a un extraño que ahora está tomando a su bebé en brazos para llevársela, previo acuerdo.
Ella es diferente porque una lágrima que no termina de desprenderse de la comisura de sus párpados está empañando la última imagen que tendrá de su hija, saliendo en brazos de un tipo cualquiera, de un hospital infantil cualquiera, en una ciudad cualquiera.

07 junio 2007

La Señora del Pan

La Señora del pan pasaba todas las tardes de todos los días por las calles de Las Quintas. Nadie sabía mucho de ella, salvo que cuando bajara el sol, si salías a tu porche posiblemente verías pasar a la Señora del Pan y entonces podrías comprarle una o varias piezas de las que ella cargaba en la caja de plástico que traía entre sus brazos.
La Señora del Pan era gorda, alta, vestía siempre de negro, caminaba con dificultad y a veces se hacía acompañar por un niño bastante parecido a ella y que tambien batallaba para caminar.
Pero lo que más destacaba en ella era la sonrisa que se pintaba en su rostro a la menor provocación. Era franca y sencilla, y dejaba entrever una delgada hilera de dientes pequeños y desgastados.
En la década de los noventa, las tardes fueron felices para los vecinos de Las Quintas y Residencial de Anza, hasta que la Señora del Pan dejó de venir repentinamente.
Nadie supo nunca el origen de esta señora. Nadie sabía que la Señora del Pan provenía de la costa veracruzana, ni que aprendió a hacer pan en un horno de leña del pueblo cercano a la playa donde nació, ni que llegó a Sonora huyendo de un viejo amor mal correspondido.
De lo que siempre tuvieron la certeza, fue de que su pan era de los mejores que habían probado, porque tenía un cálido sabor, como el del pan cocinado en horno de leña.