13 septiembre 2007

De calor y Locura


En esta tierra de locos, el calor vuelve cuerdo a unos pocos..
El sol es el líquido que corre por las venas de asfalto de la ciudad, sus rayos el tic tac que marcan cada paso del transeúnte; el calor, el pretexto perfecto para llegar tarde y la mejor excusa para cometer faltas de tránsito.
Sin piedad, el astro rey martillea duro las sienes del caminante, y de la boca del automovilista sale en forma de palabra altisonante.
La temperatura es a diario el tema de conversación (que si cada año será más fuerte, que si en un futuro Hermosillo será una ciudad fantasma, que si tu brazo izquierdo se quema más que el derecho al manejar, que qué feo estuvo el calor hoy) como si fuera algo contra lo que se puede luchar.
Cuando el sol está dando paso a la luna y las estrellas, en verdad el astro no desaparece del todo, se queda presente en las banquetas, en las paredes, en el concreto, en las bancas, en los juegos de los parques, en el interior de los carros, recordando a las personas el costo de vivir en la bella Ciudad del Sol.

(Foto: Javier Núñez)

10 agosto 2007

Paradoja de tiempo

Un día el Sol se cayó, y aunque se hizo un completo caos, el mundo no se acabó. Aprendimos a 'amanecer' a oscuras, y a mirar los atardeceres sólo en nuestra imaginación. Encontramos un método alternativo a la fotosíntesis para que las plantas pudieran crecer y dar fruto, y no se interrumpiera esta vital parte del ciclo de la vida. Se inventaron formas para lavar, y sustancias para consumo humano.
Ahora el calor es sólo imaginario y la raza humana se ha adaptado al ambiente.
El Sol cayó y calló, y cuando esto ocurrió no nos morimos. El mundo no dejó de funcionar sin el calor del rey de los astros, tal como se pensaba que ocurriría desde la antiguedad.
Lo que murió ese día fueron los años, los días, las horas, los segundos. Sin Sol el tiempo dejó de medirse y se extinguieron esos conceptos que regían nuestra vida.
Y asi, las paradojas de la vida, que ahora que el tiempo no se mide, la vida dura más y vivimos más que nunca.

05 julio 2007

En una sala de espera...

En una sala de espera de un hospital infantil cualquiera en una ciudad cualquiera (que no es Hermosillo), una mujer chaparrita y rellenita se encuentra sentada en una silla cualquiera... Pero ella no es una madre cualquiera, como la que se encuentra sentada atrás amamantando a un bebé.. o la que está a su izquierda echándole aire a su niño deshidratado.. o la que está más allá, angustiada porque no le han atendido a su niño que trae 40 grados de temperatura.
Ella es diferente porque la angustia que tiene en la cara no es porque su cría de cuatro meses tenga desnutrición en tercer grado, ni porque está cansada de esperar su turno para que se la atiendan ni porque no soporte el calor ni porque se sienta como sola en el mundo.
Es diferente porque la desesperación la hizo actuar así, y porque se atrevió a acomodar a su bebé sobre una colchita en el piso, atrás de ella, entre su asiento y el bote de basura, y porque está temblando de dolor, y porque por el rabillo del ojo alcanza a ver a un extraño que ahora está tomando a su bebé en brazos para llevársela, previo acuerdo.
Ella es diferente porque una lágrima que no termina de desprenderse de la comisura de sus párpados está empañando la última imagen que tendrá de su hija, saliendo en brazos de un tipo cualquiera, de un hospital infantil cualquiera, en una ciudad cualquiera.