Casualidades de la vida
Pocas veces las columnas que leo me dejan algo positivo. De rigor, trato de leer la editorial del periódico en que trabajo. Y una que otra de economía (cuando hay tiempo) para aprender un poco sobre los temas que se supone debo conocer por mi trabajo. Generalmente me atrapan aquéllas cuyos autores, sin intentar descubrir el hilo negro, te aportan algo para la reflexión cotidiana.
La última que recuerdo fue una de José Woldenberg, en la que hablaba sobre las casualidades. Decía que éstas le ponen sal a la vida, que son como un regalo que sacude a la rutina y que, cuando pasan desapercibidas, se evaporan sin dueño.
Contaba él sobre tres libros que leyó seguidos, y en los cuales, casualmente, la protagonista se llamaba Roseane.
Me puse a pensar en las ultimas casualidades de mi vida y me dispuse a hacer una de las últimas tres que recuerdo. Aquí están:
1.
Al salir de un evento estaba platicando con un amigo reportero de una radio y le pregunté por un tío que trabaja con él. Me dijo que lo veía seguido y también a mi primito, porque seguido lo llevaba a la radio. Nos despedimos y subimos a nuestros respectivos carros. Antes de arrancar, pasó a mi lado un carro que sonó el claxon: Eran mi tío y mi primo.
2.
Estaba haciendo un sondeo entre madres de familia de una escuela primaria. Una de ellas me dijo llamarse igual que yo. Llegué a pensar que era una broma y que había tomado mi nombre de mi gafete, hasta que me enseñó su credencial de elector.
3.
En el aeropuerto de Madrid vi a Joan Sebastian. Dos días antes, alguien me había dedicado una canción de él.
La última y más reciente me pasó ayer. Hablé a Aeroméxico, y cuando me identifiqué la persona que me atendió dijo que tenía una compañera que se llama igual que yo.
tú cuál recuerdas.